La caña, la colonia y la resistencia: el mensaje político de Bad Bunny en el escenario

Bad Bunny carries a Puerto Rican flag for the “Benito Bowl” Super Bowl LX halftime show at Levi’s Stadium Sunday, Feb. 8, 2026, Santa Clara, California.

Nick Wagner/The Seattle Times/TNS

Pie de foto traducido al español: “Bad Bunny lleva una bandera de Puerto Rico para el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, el ‘Benito Bowl,’ en el Levi’s Stadium el domingo 8 de febrero de 2026, en Santa Clara, California, EE. UU.”

Nick Wagner/The Seattle Times/TNS

Traducido por The Xavierite

El espectáculo comenzó donde comienza gran parte de la historia de Puerto Rico: en los campos de caña. La base del escenario, cubierta de cañaverales, no fue una simple decisión estética. Fue una declaración política. La caña de azúcar simboliza el inicio de la colonización española en la isla y las consecuencias devastadoras que siguieron. La economía azucarera convirtió a Puerto Rico y al Caribe en centros de explotación, donde la tierra se utilizó para enriquecer imperios, mientras las personas, especialmente los africanos esclavizados, pagaban el precio con su libertad, su cultura y sus vidas.

La caña representa el origen de un sistema colonial que explotó los recursos naturales de la isla para el beneficio económico de un imperio lejano. Ese imperio cambió de nombre con el tiempo, pero la lógica de explotación nunca desapareció. Primero fue España. Luego, Estados Unidos. Hoy, muchos puertorriqueños siguen viviendo las consecuencias de ese legado colonial, desde la dependencia económica hasta la fragilidad de su infraestructura.

El espectáculo luego se trasladó a Nueva York, el destino de miles de puertorriqueños que migraron en busca de oportunidades. Allí, Benito Martínez Ocasio, conocido como Bad Bunny, compartió un momento con Toñita, dueña del Caribbean Social Club en Brooklyn. Toñita no es solo una mujer tomando un trago; es un símbolo de resistencia. Su club es uno de los últimos establecimientos puertorriqueños en Williamsburg, un vecindario que alguna vez fue profundamente boricua y que hoy ha sido transformado por la gentrificación.

Mientras muchos fueron desplazados, ella se negó a irse. Su existencia es un acto de resistencia contra un sistema que constantemente borra la presencia latina para dar paso al beneficio económico de otros. Su inclusión en el espectáculo fue un reconocimiento a la diáspora puertorriqueña y a su lucha por preservar su identidad.

El momento más directo llegó cuando Ricky Martin interpretó “Hawái”, cantando la línea: “no quiero que hagan contigo lo que pasó en Hawái..” Esta frase dejó de ser una simple letra para convertirse en una advertencia. Hawái, al igual que Puerto Rico, es un territorio marcado por el colonialismo estadounidense, la explotación económica y el desplazamiento cultural. El mensaje fue claro: Puerto Rico enfrenta el mismo peligro. Fue un llamado a la soberanía, a la descolonización y a la autodeterminación.

El espectáculo también hizo referencia a uno de los fracasos más visibles del colonialismo moderno: la red eléctrica de Puerto Rico. Los apagones constantes no son simplemente fallas técnicas; son el resultado de décadas de abandono, mala administración y explotación económica. Son el resultado de un sistema donde el pueblo no tiene control total sobre su propio destino.

Entonces, Bad Bunny emergió nuevamente de los campos de caña, pero esta vez sosteniendo la bandera original de Puerto Rico, con el triángulo azul claro. Esta no es cualquier bandera. Es la bandera que representa la identidad puertorriqueña antes de que Estados Unidos impusiera el azul marino para reflejar su propia bandera. Durante años, la bandera puertorriqueña fue prohibida, y mostrarla era un acto criminal. Cambiar su color fue un intento de reescribir la identidad de un pueblo.

Al traer de vuelta el azul claro, Bad Bunny no solo mostró una bandera–mostró resistencia.

El espectáculo culminó con la representación de múltiples banderas latinas, reconociendo a las comunidades que han sido históricamente marginadas, pero que siguen presentes. Y finalmente, el mensaje apareció: “Seguimos aquí.”

Dos palabras que resumen siglos de historia.

Seguimos aquí después de la esclavitud, colonización, migración y la gentrificación.

Lo que Bad Bunny presentó no fue solo música. Fue memoria. Fue protesta. Fue resistencia. Y, sobre todo, fue un recordatorio de que, a pesar de todo, el pueblo latino nunca ha desaparecido.